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Sandman (2022-2025)

Un sueño, o una pesadilla

Sandman

Sandman es difícil de explicar. La segunda temporada confirma lo que ya había visto en la primera: esta adaptación es tan inclasificable y fascinante como el cómic original de Neil Gaiman. Cada capítulo puede parecer una serie distinta, con historias que pasan del terror a la fantasía, del drama a la mitología y de lo cotidiano a lo completamente absurdo. Y, de alguna manera, todo encaja.

Las imágenes son pura poesía visual. Los escenarios van de lo etéreo a lo oscuro, los personajes parecen salidos de un lienzo surrealista y la dirección artística cuida hasta el último detalle. Hay episodios que parecen hechos para quedarse mirando cada plano, porque siempre hay algo raro, bonito o inquietante al fondo.

Y eso es probablemente lo que más me gusta de Sandman: nunca sabes qué te vas a encontrar en el capítulo siguiente. Puede llevarte al infierno, a una reunión de dioses, a un cuento de hadas, a otra época o a una historia aparentemente pequeña que termina hablando de algo mucho más grande. La serie no necesita mantener siempre el mismo tono porque el mundo de Morfeo permite prácticamente cualquier cosa.

Hay historias que parecen no tener mucho que ver entre sí y que, aun así, terminan formando parte del mismo universo. La serie consigue que sientas que entras constantemente en lugares nuevos sin perder el hilo de Morfeo ni de su evolución.

Porque debajo de toda esa fantasía hay una historia sobre un personaje que tiene que enfrentarse a las consecuencias de lo que ha hecho durante miles de años. Morfeo empieza siendo una figura bastante distante, orgullosa y encerrada en sus propias reglas, y poco a poco la serie va mostrando lo difícil que le resulta cambiar. No es precisamente el protagonista más fácil de querer, pero sí uno que cada vez resulta más interesante.

La segunda temporada lleva todo eso mucho más lejos. Amplía el mundo, introduce nuevos miembros de los Eternos y adapta algunas de las historias más conocidas del cómic, muy distintas entre sí, sin que la serie pierda esa personalidad tan rara que la hace difícil de comparar con cualquier otra. En algunos momentos se nota que hay muchísimo material que contar, pero incluso ahí mantiene esa capacidad para llevarte de una historia a otra sin que dejes de estar dentro.

Los diálogos están a la altura de las imágenes. Son ingeniosos, melancólicos y bonitos, con suficientes capas como para que apetezca volver a ver algunos episodios. También ayuda un reparto que entiende perfectamente el tipo de serie en la que está. Tom Sturridge está especialmente bien como Morfeo, pero alrededor suyo hay personajes que le roban protagonismo cada vez que aparecen. Death, Lucifer, Desire, Hob Gadling o cualquiera de los nuevos Eternos podrían protagonizar su propia historia.

Y luego está Neil Gaiman.

Maldito seas, Neil Gaiman, por ser un puto cerdo de mierda y aun así crear un universo tan magnético que resulta imposible apartar la mirada.

Lo que haya hecho Gaiman no cambia lo que pienso de la obra que creó, y Sandman sigue siendo un mundo fascinante que me ha tenido completamente dentro durante sus dos temporadas.

No sé si llamarlo sueño o pesadilla. Probablemente sea un poco de las dos cosas.

Pero qué ganas tenía de volver a entrar.

Ficha técnica

  • Título original: The Sandman
  • Creada por: Neil Gaiman, David S. Goyer y Allan Heinberg
  • Showrunner: Allan Heinberg
  • Reparto principal: Tom Sturridge, Gwendoline Christie, Kirby Howell-Baptiste, Mason Alexander Park, Vivienne Acheampong, Boyd Holbrook, Jenna Coleman
  • Temporadas: 2
  • Plataforma en España: Netflix